Viego

"Ningún precio es demasiado alto. Ninguna atrocidad está fuera de mi alcance. Por ella... haré lo que sea"by viego.

la historia del rey arruinado. Pocos han oído hablar del reino del este, más allá de los mares, cuyo nombre yace olvidado entre las ruinas que salpican sus costas. Muchos menos conocen a su joven e insensato gobernante, cuyo corazón enamorado estaba destinado a destruirlo. Ahora una grave amenaza para todos, el nombre de ese hombre era, y es, Viego. Como segundo hijo de un rey dinástico, Viego nunca debió preocuparse por gobernar. En vez de ello, tenía una vida de comodidades que lo convirtieron en alguien autocomplaciente y egoísta. Sin embargo, cuando su hermano mayor murió de forma imprevista, Viego, quien no poseía ni el deseo ni la capacidad para gobernar, se encontró de repente con una corona sobre su cabeza. Mostró muy poco interés en su posición, hasta que conoció a una humilde costurera, Isolde. Quedó tan maravillado con su belleza que el joven rey le pidió su mano en matrimonio; y así, uno de los gobernantes más poderosos de su tiempo desposó a una plebeya. Su romance era mágico, y Viego, que casi nunca mostraba interés en otra cosa que no fuera él mismo, dedicó su vida a ella. Los dos eran inseparables... Él no iba a ningún lado sin Isolde, siempre le prodigaba suntuosos regalos a su reina y difícilmente posaba su mirada en algo más si ella estaba presente. Los aliados de Viego estaban furiosos. Incapaces de despertar su interés en el reino, y con la nación comenzando a desmoronarse debido a su dudosa gestión, algunos complotaron en secreto para terminar con el reinado de su nuevo rey incluso antes de que comenzara. Mientras tanto, los enemigos de la nación vieron la oportunidad para atacar. Fue entonces que las víboras comenzaron a circular. Y también lo hizo la daga envenenada de un asesino en dirección a Viego. Sin embargo, defendieron bien al rey, y la daga no llegó a él... sino que rasguñó a Isolde. La toxina actuó rápidamente e Isolde cayó en un desastroso letargo, mientras Viego veía con horror cómo la condición de su esposa empeoraba cada vez más. Carcomido por la furia y la desesperación, el rey gastó hasta la última moneda de sus arcas para salvarla. Pero todo fue en vano. Isolde falleció en su lecho, y Viego sucumbió a la locura. Su búsqueda de un antídoto se volvió desesperada y delirante. Incapaz de aceptar la muerte de su esposa, sacrificó cada tesoro de su reino, cada pizca de riqueza, en su misión por regresarla a la vida. Cuando el reino se sumió en el caos, Viego se ocultó con el cuerpo de Isolde y se convirtió en un ser lleno de odio y violencia. Pero luego, llegó el día en que descubrió el secreto de las Islas Bendecidas y de sus aguas capaces de curar cualquier mal. Con su gran ejército, tomó al pacífico país por la fuerza, asesinando a cualquiera que se interpusiera en su camino, hasta que logró por fin atravesar el santuario interior para que su esposa se meciera en las aguas bendecidas. Ella regresaría a su lado, sin importar la destrucción que hubiera ocasionado. Sin importar el costo. Y por un momento, regresó. Isolde se irguió como un espectro horripilante, oscuro y furioso, y en su dolor, su ira y su confusión por haber sido arrancada de la muerte, tomó la propia espada encantada espada encantada de Viego y se la clavó en el corazón. La magia de las aguas y la antigua espada colisionaron, y la energía de la cámara hizo erupción, demoliendo las Islas y sumiendo a todo a su alrededor en un estado de muerte consciente y torturante. Sin embargo, de este episodio Viego no tiene recuerdos. Su país colapsó por completo, grandes naciones surgieron y cayeron, y, con el tiempo, incluso su nombre fue olvidado... hasta que, mil años después de su muerte, Viego se levantó una vez más. Y esta vez, no fallaría. Como su mente sigue consumida por la misma obsesión que lo carcomía en vida, el amor trastornado e inquebrantable de Viego impulsa cada una de sus acciones, su propio deseo y su propia atrocidad. La mortífera Niebla Negra emerge sin control del corazón roto de Viego, quitándole la vida a todo lo que toca, y él la usa para explorar el mundo en búsqueda de una manera de traer a Isolde de regreso. Las legiones de soldados caerán ante él solo para levantarse de nuevo a su servicio; una oscuridad viviente devorará continentes enteros y el mundo pagará por cada momento de felicidad robado a un antiguo gobernante consumido por su amor. No le importa cuánta destrucción cause, siempre y cuando pueda ver el rostro de Isolde una vez más. Su reinado es uno de terror. Su amor es eterno. Y hasta que Isolde no regrese a su lado, todos caerán ante el Rey Arruinado.

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Thresh "El carcelero implacable"

Hace mucho tiempo, el terrorífico espíritu conocido como Thresh no era más que un hombre desdichado pero sencillo. En tiempos ya olvidados, fue un modesto carcelero en una orden dedicada a recopilar y proteger los secretos de la magia arcana. Esta orden tenía su sede en las Islas Bendecidas, un archipiélago oculto y protegido del resto del mundo por una densa niebla mágica. Los maestros de la orden, en recompensa por sus largos años de servicio, asignaron a Thresh la custodia de una serie de cámaras ocultas bajo la ciudad de Helia. Allí descansaba, bajo llave, una amplia colección de artefactos extremadamente peligrosos. Thresh era una persona muy metódica y con una voluntad de hierro, perfecto para esta labor. No obstante, su tendencia a la crueldad había llamado antes la atención de sus superiores. Aún no se había manifestado en forma de asesinato (al menos, nadie tenía pruebas de ello), pero muchos evitaban igualmente su presencia. Pronto resultó evidente que le habían encargado un trabajo que lo mantenía lejos de los demás y que le impediría que se lo reconociera como, en su opinión, se merecía. Los años en la oscuridad fueron haciendo mella en Thresh, quien cada vez albergaba más resentimiento y envidia durante sus largos paseos por los pasillos vacíos, armado con su bastón linterna y con sus amargos pensamientos como única compañía. Cuando los ejércitos del rey loco consiguieron atravesar el velo de niebla que envolvía las Islas Bendecidas y atracar en sus costas, al fin le llegó su oportunidad. En secreto, se deleitó con la carnicería que siguió a la invasión. El rey invasor estaba obsesionado con resucitar a su difunta reina, y Thresh lo condujo por voluntad propia a las legendarias aguas de la vida. Solo los miembros más importantes de la orden habían tenido acceso a la catacumba en la que descansaban las mágicas aguas. Ahora, acompañados por los guerreros más poderosos del rey, Thresh disfrutó al contemplar a los guardianes de ese lugar sagrado hechos pedazos ante sus ojos. Al fin, pensó, tendría lo que llevaba años mereciendo. Solo aquellos que lo presenciaron podrían relatar realmente lo que sucedió cuando el rey sumergió el cuerpo sin vida de su mujer en las aguas, pero las consecuencias de esa acción sacudirían toda Runaterra. Una oscura oleada de energía sombría envolvió Helia y se extendió con rapidez hasta cubrir el resto de las Islas Bendecidas, y la niebla blanca que antaño había servido a sus habitantes como refugio se volvió negra y adquirió un carácter asesino. Arrasó con todo rastro de vida a su paso, y los espíritus de aquellos atrapados en su interior no pudieron avanzar al otro mundo; en su lugar, se vieron encerrados en una horrible existencia a medio camino entre la vida y la muerte. El propio Thresh fue el primero en verse arrastrado a esa vida, pero, mientras que los demás se fundían en gritos de agonía ante su nuevo destino, él se deleitaba con el cambio. Se alzó de entre los restos del cataclismo, de esa Ruina, convertido en una monstruosidad espectral, disfrutando de la idea de esta nueva oportunidad de pasarse la eternidad torturando a otros sin miedo a las consecuencias y sin el peso de las ataduras de la carne. A lo largo de los siglos siguientes, su apariencia sobrenatural fue cambiando poco a poco hasta reflejar la malicia y la crueldad de su corazón. Thresh acabó por darse cuenta de que la mayoría de los espíritus atrapados en la Niebla Negra conservaban tan solo retazos de sus antiguos seres; incluso los invasores más poderosos, como Hecarim o Ledros, se iban debilitando, mientras que el propio Thresh era cada vez más poderoso. Movido por el rencor, se dedicó a abusar de aquellas almas que consideraba inferiores. Sus víctimas predilectas son siempre las que más sufren con sus castigos. Da igual la firmeza de su determinación, de su aguante o de su fe; su objetivo es ir quebrándolas lentamente, descubriendo sus miedos y debilidades y jugando con ellas hasta el final. Solo cuando de sus vidas no quedan más que escombros, han perdido a todos sus seres queridos, no les queda razón de ser alguna y sus corazones ya no albergan esperanza, el gancho de Thresh los arrastra hasta su fin. En cualquier caso, la muerte no trae consigo el descanso eterno, pues Thresh arranca el alma de todas sus víctimas para encerrarlas en su linterna y que, así, sean testigos mudos de sus atrocidades. Solo un alma ha conseguido escaparse de su prisión. Senna, una de los odiados Centinelas de la Luz, pereció tras enfrentarse a Thresh en una cámara olvidada. Movido por el pesar, su marido, Lucian, dedicó años a perseguir al cruel espíritu y, consumido por la rabia, se obsesionó por completo con la caza. Para Thresh era un dinámica exquisita. No obstante, cuando al fin decidió reclamar el alma de Lucian, un golpe quebró su linterna y Senna quedó en libertad. Intrigado por la fuerza del lazo mortal entre ellos, decidió permitir que se hicieran con esa insignificante victoria a sabiendas de que el juego no había hecho nada más que empezar...

Lucian

LUCIAN EL DESTELLO PURIFICADOR Desde que era un niño, Lucian aspiraba a ser como su padre Urias, miembro de la antigua orden de los Centinelas de la Luz. Mientras Lucian permanecía en la seguridad de Demacia, Urias viajaba por todos los rincones del mundo, dedicado a proteger a los vivos de los espectros de la Niebla Negra. Su padre le contaba un sinfín de historias de sus aventuras, en las que el valor y el ingenio siempre acababan por sacarlo de un aprieto. Lucian escuchaba sus palabras con atención mientras se imaginaba salvando Runaterra junto a su padre. No obstante, Urias no quería que su hijo siguiera el mismo camino que él, pues albergaba esperanzas de mantener a su familia a salvo y al margen de la vida de peligro que él había elegido. Lucian esperaba ansioso el día en el que se convertiría en aprendiz de su padre, pero ese día no llegó nunca. En lugar de eso, Lucian se quedó en Demacia, cuya cultura no acababa de aceptar del todo. Una de las cosas que más le molestaban era saber que Demacia estaba dispuesta a condenar a magos pacíficos al exilio. Por ello, decidió dedicarse a ayudar a los exiliados en sus peligrosas travesías en busca de un nuevo hogar. Sus compatriotas, que solo distinguían entre el bien y el mal, no veían en ellos nada más que forajidos, pero Lucian era capaz de mirar más allá y ver a gente como él que necesitaba ayuda. Al regresar a casa después de una de esas travesías, se encontró con una extraña que aguardaba en la puerta. Se llamaba Senna y era una de los Centinelas de la Luz. Con la pistola reliquia de Urias en sus manos, Senna le explicó a Lucian que su padre había muerto, que había caído en combate contra los espectros de la Niebla Negra. Senna había sido su aprendiz y llevaba años luchando a su lado. Lucian se quedó conmocionado; no solo había perdido a su padre, sino que ante sus ojos aguardaba una mujer que había vivido la vida que él llevaba años esperando. Cuando Senna se preparó para partir, Lucian insistió en ir con ella. Sabía lo que le esperaba a continuación: la vigilia por los centinelas perdidos. Senna accedió a regañadientes. Durante el camino, intercambiaron historias del tiempo que habían pasado con Urias. Senna trataba de consolar a Lucian con su humilde sabiduría y Lucian le ofrecía a cambio tiernos recuerdos con los que calmar su dolor. Al fin, llegaron al lugar de nacimiento de Urias, muy lejos de los territorios demacianos. Era allí donde honraban a los centinelas caídos. Mientras se preparaban para partir, una marea de nubes negras cubrió la costa, y de su interior emergieron espectros que atacaron de inmediato. Lucian se quedó paralizado por el horror; Senna, por su parte, desenfundó sus armas sin sorpresa alguna. Esa era su maldición. Desde que era una niña, los tentáculos de la Niebla Negra la perseguían fuera a donde fuera y envolvían cualquier lugar en el que decidiera quedarse demasiado tiempo. Mientras forcejeaba con una de las criaturas, esta le arrancó la pistola de Urias de un zarpazo. Lucian la recogió y notó que su destino tomaba forma de repente. El dolor ardiente que inundaba su corazón se manifestó en forma de un proyectil de luz y distrajo al espectro el tiempo suficiente como para que Senna pudiera acabar con él. La chica se deshizo del resto de los espectros antes de que ambos continuaran su marcha, con la niebla siempre pisándoles los talones. Lucian era la primera persona que había sido capaz de disparar el arma de un centinela sin haber pasado antes por la iniciación. Por primera vez, había conseguido mostrarle a Senna todo su potencial. Con el tiempo, Senna acabó por confiarle la pistola de su padre y le enseñó las técnicas y las doctrinas de los centinelas. Lucian había demostrado con creces que merecía esos honores. Poco a poco, entre ellos se fueron forjando fuertes lazos. El encanto y la calidez de Lucian encajaban a la perfección con la disciplina y la determinación de Senna. Juntos se enfrentaron a miles de seres del inframundo que surgían de las entrañas de la Niebla Negra, y la confianza que compartían pronto se convirtió en amor. Cuanto más cariño cogía a Senna, más claro veía las consecuencias de su maldición. Cada enfrentamiento lo endurecía aún más e iba dividiendo su visión del mundo en luz y oscuridad, bien y mal. Lucian se concentró en encontrar una forma de ayudar a Senna con un fervor obsesivo. Mientras los dos centinelas buscaban la cura en una cámara olvidada, el monstruoso Thresh surgió de las sombras. El Carcelero Implacable no era un enemigo cualquiera y, cuando Senna indicó que debían retirarse para reagruparse, Lucian se negó a abandonar la lucha. Se lanzó al ataque ciegamente y pronto se dio cuenta de que había cometido un error. Thresh se dispuso a atacar. Senna se interpuso en su camino y le imploró a Lucian que saliera huyendo. Cuando el polvo se asentó, Senna estaba tendida en el suelo frente a él, muerta, con su alma ahora presa en el interior de la linterna de Thresh. El sacrificio de Senna casi arrastró a Lucian a la locura. Se pasó años merodeando por Runaterra, apenas una sombra de lo que había sido, lleno de amargura y resentimiento. Empuñando tanto su pistola como la de Senna, Lucian persiguió a Thresh sin descanso con el objetivo de destruir su linterna y otorgarle a su amada el descanso eterno. El día en el que al fin se enfrentaron por última vez, Lucian consiguió quebrar la linterna... Y, en lugar de pasar al descanso eterno, Senna emergió de su interior. Ni siquiera la muerte podría separarlos. Ahora Lucian lucha por comprender a esta nueva versión de su amada a la vez que trata de aceptar que él también ha cambiado. Quiere volver a ser como antes, pero no puede olvidar que las fuerzas oscuras que tanto odia son lo único que mantienen a su amada a su lado. Senna ha regresado con una nueva misión en mente, pero Lucian sigue obsesionado con vengarse de Thresh, pues está seguro de que las maquinaciones del Carcelero Implacable no han hecho más que empezar.

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